jueves, septiembre 21, 2006

Girasoles


Viajando en un tren rojo de asientos incómodos y olor a viejo descubrí a través de la ventana un campo de girasoles marchitos. Todos habían perdido su color y miraban tristes hacia abajo.
El tren siguió en marcha por la vía y pude observar otros diez campos de girasoles idénticos a los primeros que habia visto.
Aquellos girasoles muertos me produjeron mucha pena. Me les imaginé pasando día tras día, esperando a ser liberados, pasando frío, calor, lluvia, nieve…
Nadie fue a salvarles, ni si quiera fueron a recoger sus pipas. Quilómetros de girasoles olvidados por los hombres, igual que las miles de personas que son olvidadas por el resto todos los días.
Esas personas también esperan día tras día la liberación soportando muchas tempestades, pero al final acaban como los girasoles marchitos.
El mundo necesita labradores de personas

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